Qué cuesta mantener una web al año (y qué pasa si no se mantiene)
Lo que de verdad hay detrás de «mantenimiento página web precio», qué se renueva solo cada año y qué debería incluir una cuota de mantenimiento de verdad.
Publicado por Seny Digital el Cómo escribimos esto
Mantener una web son dos facturas distintas que casi siempre se confunden: lo que se renueva solo, y el trabajo de que la web siga funcionando. Quien busca «mantenimiento página web precio» suele esperar un solo número. La primera factura es predecible y suele ser modesta. La segunda varía muchísimo, porque bajo la palabra «mantenimiento» cabe desde una copia de seguridad automática hasta un equipo que os coge el teléfono un domingo.
Este artículo separa las dos y explica qué preguntar para saber cuál de las dos os están presupuestando.
Lo que se renueva solo
Cuatro partidas que se pagan aunque nadie toque nada.
El dominio. La dirección de internet, con renovación anual. Es la más barata de las cuatro y la que peor se arregla si se olvida: un dominio que caduca queda libre para quien lo quiera pasado el periodo de gracia. Ponedlo en renovación automática y comprobad una vez al año que la tarjeta asociada sigue viva.
El alojamiento. El servidor. Aquí el precio se dispara según lo que necesite el sitio, y es donde ahorrar sale más caro: un alojamiento lento hace lenta a la web mejor construida, y la velocidad influye en el posicionamiento. Si vuestra web tarda en cargar y nadie sabe por qué, mirad aquí antes que en el diseño.
El certificado de seguridad. El candado del navegador. Hoy muchos alojamientos lo incluyen gratis y se renueva solo. Conviene confirmarlo, porque un certificado caducado enseña al visitante una pantalla roja de aviso y muchos se dan la vuelta ahí mismo.
Las licencias. Plantillas y extensiones de pago con renovación anual. Cuando se dejan de pagar, no dejan de funcionar: dejan de recibir actualizaciones de seguridad, que es peor porque no se nota. Pedid la lista completa con el precio de renovación de cada una.
Qué hay dentro de una cuota de mantenimiento
Aquí es donde dos presupuestos con el mismo nombre pueden ser trabajos completamente distintos. Lo que debería incluir cualquiera que se llame así:
Actualizaciones. El gestor de contenidos y sus extensiones sacan versiones constantemente, y muchas corrigen fallos de seguridad que ya son públicos cuando se publican. Actualizar tiene su riesgo —a veces una versión nueva rompe algo—, así que primero se prueba en una copia y solo después se aplica a la web publicada.
Copias de seguridad. Automáticas, guardadas fuera del mismo servidor y, sobre todo, comprobadas. Una copia que nadie ha restaurado nunca es una copia que no sabéis si funciona. Es la pregunta que menos se hace y la que más duele el día malo.
Vigilancia de que sigue en pie. Un aviso automático cuando la web deja de responder. Sin eso, lo normal es enterarse por un cliente, y para entonces lleva horas caída.
Seguridad. Cortafuegos, control de accesos y revisión de qué usuarios tienen permisos. Los ataques a webs pequeñas son automáticos: programas que van probando direcciones y entran por donde encuentran una versión vieja.
Un rato de cambios pequeños. Cambiar un teléfono, subir unas fotos, corregir un texto. Suele venir como una bolsa de horas al mes.
Qué no es mantenimiento, aunque os lo cuelen
Rediseñar una sección, añadir una funcionalidad nueva o escribir contenido se presupuesta aparte, como proyecto.
Merece la pena mirarlo al revés también: si vuestra cuota de mantenimiento incluye «cambios ilimitados», leed la letra pequeña. Lo ilimitado de verdad no existe, y lo que suele haber detrás es un límite no escrito que aparece el día que pedís algo grande.
Qué pasa si no se mantiene
Una web sin tocar durante dos años no se rompe de golpe. Se degrada, y por ese orden:
Primero se queda atrás en versiones. Las extensiones dejan de ser compatibles entre sí y algo empieza a fallar de forma intermitente, casi siempre el formulario de contacto. Es de los fallos que más cuestan, porque la web parece funcionar y los contactos no llegan a ningún sitio. Nadie se entera hasta que alguien pregunta por qué no le habéis contestado.
Después llega el riesgo de seguridad. Las vulnerabilidades de las extensiones populares se publican, y a partir de ese momento hay programas rastreando internet en busca de sitios que aún no han actualizado. Una web comprometida se usa para enviar correo basura o para redirigir a los visitantes a otro sitio, y cuando Google lo detecta marca el dominio con un aviso de sitio no seguro. Recuperarse de eso cuesta más que un año de mantenimiento.
Y al fondo está lo lento: el rendimiento se resiente, las métricas de velocidad que Google usa para posicionar empeoran, y el sitio va cediendo puestos sin que ningún día concreto haya pasado nada.
Cómo comparar dos cuotas
Cinco preguntas separan una cuota real de una etiqueta:
- ¿Con qué frecuencia se actualiza, y se prueba antes en una copia?
- ¿Cada cuánto se hace copia de seguridad, dónde se guarda y cuándo se restauró por última vez para comprobar que sirve?
- ¿Hay aviso automático si la web se cae, y en cuánto tiempo os avisan a vosotros?
- ¿Cuántas horas de cambios incluye al mes y qué pasa con las que no se usan?
- ¿Recibís algún informe, aunque sea corto, de lo que se ha hecho?
Si las cinco respuestas son concretas, la cuota es un servicio. Si son vagas, estáis pagando por si acaso.
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio contratar el mantenimiento con quien hizo la web?
No, y conviene saberlo antes de firmar el proyecto. Comprobad que el dominio está a vuestro nombre, que tenéis los accesos al alojamiento y al gestor de contenidos, y que el código es vuestro. Con esas tres cosas podéis cambiar de proveedor cuando queráis. Sin ellas, la cuota deja de ser una elección.
Mi web es estática y no tiene gestor de contenidos, ¿necesita mantenimiento?
Menos, y es una ventaja real. Una web sin gestor de contenidos ni base de datos tiene mucha menos superficie por donde la ataquen y casi nada que actualizar. Siguen quedando el dominio, el alojamiento y el certificado, más las revisiones de que los formularios y los enlaces funcionan.
¿Y si no toco nunca la web?
El riesgo depende de que se publiquen vulnerabilidades en el software que usa, la toquéis vosotros o no. Una web que lleva un año sin cambios tiene un año de actualizaciones sin aplicar, y eso es precisamente lo que buscan los rastreos automáticos.
¿El mantenimiento incluye el posicionamiento?
No. Son cosas distintas y conviene no mezclarlas en la misma factura: el mantenimiento es que la web funcione, y el SEO es que la encuentren. Lo tratamos aparte en cuánto cuesta el posicionamiento SEO.
Me han hackeado la web, ¿se arregla?
Casi siempre, y el orden importa: primero se cierra la puerta por la que entraron, después se limpia, y solo entonces se restaura. Restaurar una copia sin haber tapado la entrada devuelve la web al mismo estado vulnerable y vuelve a pasar. Si el dominio llegó a marcarse en Google, hay que pedir la revisión desde Search Console una vez limpio.
¿Cuánto debería presupuestar al año en total?
Sumad las cuatro partidas que se renuevan solas y añadid la cuota de mantenimiento que contratéis. Lo que sí podemos decir es qué desequilibra esa cuenta: el alojamiento, que va de céntimos a cifras serias según lo que pida el sitio. Si estáis presupuestando una web nueva, qué mueve el precio del proyecto va en otro artículo.
Si no sabéis en qué estado está la vuestra, escribidnos y la miramos: versiones, copias, velocidad y formularios. Si está bien, os lo diremos igual.
Sobre este artículo
El dato de búsqueda —«mantenimiento pagina web precio», 210 búsquedas mensuales en España con dificultad 18 sobre 100— procede de SE Ranking, consultado el 6 de agosto de 2026.
No publicamos tarifas de mantenimiento porque dependen del alojamiento, del gestor de contenidos y de cuántas extensiones haya que sostener. Se presupuesta después de mirar la web.