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Web corporativa: una página que carga rápido y explica lo que hacéis

Quien entra en la página web de una empresa decide enseguida si sigue mirando. Lo que tarde en cargar se descuenta de ese margen, que ya es corto.

Qué incluye una web corporativa

Una web, no una plantilla con vuestro logo encima. Eso significa decidir qué páginas hacen falta antes de dibujar ninguna.

La estructura

Qué páginas existen y cómo se enlazan entre ellas. Una por cada cosa que vendéis, porque una web de una sola página no puede competir por seis consultas distintas.

El diseño

Con vuestra identidad, no con la del último tema de moda.

Diseño web adaptable a móvil

La pantalla que se cuida primero es la pequeña, porque es por donde entra la mayoría. El diseño se piensa desde ahí y sube al ordenador después, no al revés: menús que se abren con el pulgar, botones que no obligan a hacer zoom, texto que se lee sin girar el móvil. Es lo que se llama diseño web responsive: una sola web que se recoloca según el ancho de la pantalla, en vez de una versión de móvil aparte que alguien tiene que acordarse de actualizar.

Lo que Google necesita

Títulos, descripciones, direcciones legibles, mapa del sitio y datos estructurados. Puesto desde el principio, no parcheado después.

Desarrollo web a medida, o WordPress si encaja mejor

Preguntad a cualquier agencia de desarrollo web con qué va a montar la vuestra y por qué. Si la respuesta es la misma herramienta para todos los proyectos, no os está eligiendo nada: os está enseñando lo único que sabe hacer. Lo mismo vale si contratáis a un diseñador web por su cuenta: la pregunta es idéntica y la respuesta dice lo mismo.

A medida quiere decir código propio y ligero, sin acumular extensiones que hagan lento lo que debería ser instantáneo. Es por donde tiramos cuando hace falta algo que ninguna plantilla trae: un buscador propio, un formulario que cambia según lo que responde quien lo rellena, una integración con el programa de gestión que ya usáis.

También montamos en WordPress, y para algunos proyectos es la primera opción. Cuando la web va a crecer a base de artículos y queréis publicar sin llamar a nadie, un gestor que vuestro equipo ya maneja vale más que la web más rápida del mundo si nadie se atreve a tocarla. Si buscáis una agencia de diseño web WordPress, lo que conviene preguntar es qué extensiones instala y para qué sirve cada una. Ahí se decide si la web va a ir ligera o va a ir cargada, y esa conversación es mejor tenerla antes de empezar.

Cómo lo hacemos

  1. 1

    Qué busca vuestro mercado

    La misma tabla de consultas del trabajo de SEO. De ahí sale qué páginas hacen falta, y esa decisión no se puede tomar bien más tarde.

  2. 2

    Estructura y textos

    Qué dice cada página y en qué orden. El texto va antes que el diseño, porque diseñar sobre relleno obliga a rehacerlo cuando llega el contenido de verdad.

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    Diseño y desarrollo

    Se ve en pantalla real, no en una imagen. Se ajusta ahí y se cierra ahí.

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    Pruebas y publicación

    Velocidad, móvil, formularios, enlaces y redirecciones de las direcciones antiguas. Sin esas redirecciones se pierde de golpe el posicionamiento acumulado.

Web autogestionable: quién la cambia cuando ya está publicada

La pregunta llega tarde casi siempre. El día que hay que cambiar un teléfono en la web, y toca pedirlo por correo y esperar a que alguien tenga un hueco.

Una web autogestionable es la que cambiáis vosotros sin depender de nadie: textos, fotos, una página nueva cuando abrís una línea de negocio. No es una casilla que se activa al final del proyecto. Condiciona cómo se monta la web desde el primer día, porque hay maneras de construir que dejan el contenido abierto y otras que lo dejan soldado al código.

Hay equipos que prefieren no tocar nada y encargarlo, y nos parece razonable. Lo que no nos lo parece es que no podáis elegir porque quien la montó decidió por vosotros y no lo dijo.

Rediseño web: cuándo compensa y cuándo es tirar el dinero

Antes de rehacer nada, mirad tres números de la web que ya tenéis: cuánta gente entra, cuánta acaba contactando y cuánto tarda en cargar en un móvil con datos, por la calle.

Si entra gente y contacta, el rediseño es cosmético y ese presupuesto rinde más en otro sitio. Si entra gente y no contacta, el problema está en qué dice la web y en qué orden, y eso se arregla con textos y estructura antes que con diseño. Si no entra nadie, el problema es de visibilidad y se ataca por ahí. Una web puede quedar preciosa y seguir sin que la encuentre nadie.

Compensa cuando la web no se deja tocar sin romperse, cuando tarda en cargar y no hay por dónde meterle mano, o cuando añadir una página cuesta una negociación. Ahí el arreglo sale más caro que empezar de nuevo, y entonces sí.

Cómo se mide

Una web nueva se juzga por cuánta gente que entra acaba contactando, no por si gusta en la reunión de presentación.

Antes de publicar se anota cuántas visitas y cuántos contactos traía la web vieja. Después se compara. Si el diseño es más bonito y contacta menos gente, el diseño ha empeorado la web, por mucho que se vea mejor.

La velocidad se mide con las métricas que usa Google, las mismas que influyen en el posicionamiento, y os las enseñamos antes y después.

Para quién no es esto

Si lo que necesitáis es una tienda con miles de referencias sincronizada con vuestro almacén, eso es otro proyecto y probablemente empieza por el ERP, no por la web.

Y si la web actual funciona, os lo vamos a decir, aunque signifique no vender el proyecto. Los tres números de más arriba se miran antes de presupuestar nada.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta una página web?

Depende sobre todo de cuántas páginas hacen falta y de si hay que integrar algo con vuestros sistemas. Al presupuestar, el precio va cerrado y por escrito, después de ver qué necesitáis de verdad.

¿Cuánto se tarda en tenerla lista?

El plazo depende del número de páginas y, casi siempre, de lo que tardéis vosotros en revisar los textos: es la parte que más alarga los proyectos. Al presupuestar se fija un calendario con las fechas de cada revisión, para que el plazo dependa de algo que se puede cumplir.

¿Puedo actualizarla yo después?

Sí. Se entrega con un gestor de contenidos para que cambiéis textos, imágenes y páginas sin depender de nadie, y con una sesión de manejo grabada. Si preferís no tocar nada, también podemos encargarnos, pero es una elección vuestra y no una atadura del proyecto.

¿La web es mía o vuestra?

Vuestra. El dominio se registra a nombre de vuestra empresa y los accesos son vuestros desde el primer día. Es una pregunta incómoda que conviene hacer a cualquier agencia: hay quien registra el dominio a su nombre y quien deja el alojamiento en su cuenta, y el día que queréis marcharos descubrís que no os podéis llevar nada.

¿Hacéis tiendas online?

No. Hacemos webs corporativas, catálogos y páginas pensadas para que os lleguen contactos, pero montar una tienda es otro oficio: inventario, pagos, envíos, devoluciones y facturación, cada uno con su manera de romperse. Si lo que necesitáis es vender online, deciros que sí sería haceros perder el tiempo. Lo que sí hacemos es el posicionamiento de una tienda que ya funciona.

¿Hacéis rediseños de webs que ya existen?

Sí, aunque antes conviene mirar si hace falta: si la web actual funciona, carga rápido y trae contactos, rehacerla entera rara vez compensa, y os lo decimos aunque signifique no vender el proyecto. Cuando sí toca, las direcciones que ya tiene la web vieja —las que Google ya conoce y las que traen las visitas que hoy entran por buscador— se mantienen o se redirigen una a una a su página nueva equivalente. Perderlas de golpe tira el posicionamiento acumulado, así que esas redirecciones van dentro del proyecto, no aparte.

¿Lo hablamos?

Contadnos qué queréis conseguir y os decimos si podemos ayudaros, con los datos delante. Si vemos que no somos los adecuados, también os lo diremos.