Cómo aparecer en ChatGPT cuando alguien pregunta por vuestro sector
Qué hace falta de verdad para que un asistente nombre vuestro negocio y qué se está vendiendo por ahí que no sirve, con lo que Google dice por escrito.
Publicado por Seny Digital el Cómo escribimos esto
Nadie ha publicado cómo decide ChatGPT a quién nombra cuando alguien le pregunta por un sector. Tampoco existe ninguna herramienta de fuera que lo mida con acceso al sistema. Lo que sí hay, y es de donde sale este artículo, es lo que Google ha puesto por escrito y lo que ha medido quien se ha molestado en analizar miles de sitios reales. Con eso alcanza para separar lo que quita obstáculos de lo que solo suena bien en una reunión de ventas.
La proporción de gente que pregunta en vez de buscar no para de crecer, y por eso el asunto merece un artículo. El análisis de 1,5 millones de conversaciones que firman Chatterji y varios coautores para la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER, working paper 34255) mide que la búsqueda de información pasó del 14% de los usos de ChatGPT en junio de 2024 al 24,4% en junio de 2025. Cada vez hay más personas preguntándole a un asistente lo que antes le preguntaban a un buscador.
Lo que Google dice por escrito que no hace falta
Empecemos por la fuente con más autoridad y menos ambigüedad de todo el asunto. En su página sobre funciones de IA y vuestro sitio web, Google lo deja escrito sin matices: «no hay requisitos adicionales para aparecer en las Vistas creadas con IA o en el Modo IA, ni tampoco optimizaciones especiales necesarias» («There are no additional requirements to appear in AI Overviews or AI Mode, nor other special optimizations necessary»).
Y añade, todavía más concreto: «no necesitáis crear ficheros nuevos legibles por máquina, ficheros de texto para IA, ni marcado. Tampoco hace falta ningún dato estructurado especial de schema.org que tengáis que añadir» («You don’t need to create new machine readable files, AI text files, or markup to appear in these features. There’s also no special schema.org structured data that you need to add»).
Cuidado con estirar esa cita más de lo que da: habla de las funciones de Google, y de OpenAI no hay nada equivalente publicado. La condición de entrada que Google pone justo al lado —la página tiene que estar indexada y poder mostrarse con fragmento— vale para Google. Lo único que se puede afirmar de todos a la vez es de perogrullo: una página que ningún rastreador consigue leer entera no la cita nadie.
El llms.txt y los números
El fichero que más se ha vendido este año como palanca para la visibilidad en IA es el
llms.txt: un índice en texto plano pensado para que un modelo lo lea en vez de rastrear toda la
web. Ahrefs lo midió sobre una población real: 137.210
dominios con tráfico en mayo de 2026, de los que unos 38.000 tenían un llms.txt que pasaba la
validación.
De esos 38.000 —no de los 137.210 de partida, la cuenta importa— el 97% no recibió ni una sola petición del fichero durante todo el mes. Un negocio que se gasta el dinero en montarlo bien está pagando por un fichero que, con esa proporción, casi con toda seguridad nadie va a pedir.
La contradicción que Google no ha resuelto
Aquí la historia deja de ser redonda, y lo honesto es contarla tal cual. Días después de publicar
que no hace falta ningún fichero legible por máquina, el equipo de Chrome metió una comprobación
del llms.txt en las auditorías experimentales de «Agentic Browsing» de Lighthouse, su propia
herramienta de análisis.
Preguntado por el choque, John Mueller respondió que el fichero «no se hace para la búsqueda» y que es una «muleta temporal, quizá para ahorrar algunos tokens» a las herramientas de programación con IA que van a buscar documentación. No dijo que sobrara. Tampoco dijo que sirviera para lo que se lleva vendiendo desde que se popularizó.
No vamos a resolver esa contradicción a favor de nadie, porque la empresa que la ha creado tampoco lo ha hecho todavía. Es exactamente lo que prometemos en cómo escribimos: lo que no tiene una fuente firme se cuenta tal como está, abierto, en vez de cerrarlo en una frase que quede bonita.
Las notas de 0 a 100 no valen lo que parecen
Aquí sí que nos mojamos. Han empezado a circular herramientas que os dan una nota de «preparación para IA» de un vistazo: 42 sobre 100, 78 sobre 100. Suena a algo que se arregla con una lista de tareas, y por eso se vende bien.
El problema no es la nota en sí. Es que detrás casi nunca hay una regla publicada y contrastada por nadie ajeno a quien la vende: cada herramienta se ha inventado su propio criterio, con su propia ponderación, sin que se pueda comprobar si mide algo que de verdad importe a un asistente. Una nota que nadie puede auditar no es una medición: es un número con aspecto de medición. Si alguien os enseña una así, preguntad qué pesa cada punto y contra qué dato real se ha contrastado. Si la respuesta se queda en generalidades, la nota también se queda ahí.
Lo que sí se puede hacer
Nada de esto es un truco, y por eso convence menos que un fichero con nombre nuevo. Es lo aburrido que ya hacía falta antes de que existiera ChatGPT, y sigue haciendo falta ahora.
Que la página cargue entera y rápido: un asistente que va a buscar una respuesta concreta no espera a que termine de pintarse un carrusel de imágenes. Que la respuesta esté en las primeras líneas de cada apartado, antes de los seis párrafos de contexto que nadie ha pedido. Que los datos del negocio —nombre, dirección, teléfono, horario— digan lo mismo en la web, en la ficha de Google y en los directorios donde aparezcáis, porque un dato que se contradice entre dos sitios no le da a nadie un motivo para fiarse de cuál es el bueno. Y dejar entrar a los rastreadores que traen algo a cambio: cada asistente tiene el suyo, y bloquear el equivocado os saca de donde queríais estar sin que nadie os avise de que ha pasado.
OpenAI, por ejemplo, separa sus rastreadores por función: OAI-SearchBot busca dentro de ChatGPT,
GPTBot entrena el modelo y ChatGPT-User va a buscar una página concreta porque alguien se lo ha
pedido en ese instante. Son ajustes independientes entre sí —podéis permitir el primero y bloquear
el segundo sin que se pisen— y OpenAI recomienda dejar pasar al que trae tráfico de verdad.
Anthropic reparte los suyos con la misma lógica: Claude-SearchBot indexa para su propia búsqueda
y Claude-User recupera una página puntual. Bloquear el que no toca, casi siempre por un
robots.txt copiado sin mirar, os saca solos del reparto sin que nadie os lo diga.
Ninguna de estas cuatro cosas garantiza que un asistente os nombre. Quitan obstáculos, que es distinto y es todo lo que hoy se puede prometer con la conciencia tranquila.
Cómo saber si está funcionando
Para Google hay una vía directa: el informe de rendimiento de IA generativa de Search Console, con sus impresiones por página, país, dispositivo y fecha. Es la única cifra oficial que existe hoy, y solo cubre lo que pasa dentro de Google.
Para todo lo demás no hay panel. Hay que mirar la analítica por origen —cuánta gente llega desde un dominio de ChatGPT o de otro asistente, aunque sea un rastro pequeño todavía— y los registros del propio servidor, porque ahí queda constancia de cuándo pasa cada rastreador y qué páginas pide. Es trabajo manual, y da menos satisfacción que un dashboard con una cifra grande en el centro, pero es lo único que aguanta si alguien pregunta de dónde sale el dato.
De eso trata nuestro servicio de visibilidad en IA: quitar los obstáculos que sí dependen de vosotros y medir con lo que existe de verdad, sin venderos una cifra que hoy nadie puede dar.